este es de : Lidice Galicia Reynoso
que es muy muy bueno! te lo promociono porque eres muy buena escritora!
Habían pasado ya 8 años, desde que Aang se había enfrentado al Señor del Fuego Ozai, y desde que el Príncipe Zuko, se había convertido en el Nuevo Señor del Fuego. Entre los 2, con trabajo duro y esfuerzo, pero sobre todo con el poder de la amistad, se estaban encargando de llevar al Mundo al equilibrio en el que debía de estar.
Un día, después de terminar sus labores, el Equipo Avatar, decidió ir a pasar un rato en la playa, con un cálido clima, jugando, divirtiéndose, pero principalmente, disfrutando estando juntos como habían estado sobre todas las cosas.
Zuko paseaba por la playa en compañía de, su ahora esposa, Mai; Suki y Sokka, se entretenían construyendo castillos y figuras en la arena, y Toph, se divertía como siempre, enterrando en la arena al Tío Iroh.
Mientras todos gozaban el día en la playa, Aang y Katara, se encontraban sentados bajo una palmera, un poco alejados, contemplando la hermosa puesta de sol. Después de todo lo que habían pasado, de sus aventuras y de todos los obstáculos, Aang y Katara ahora eran muy felices estando juntos, y estaban decididos a serlo por mucho tiempo.
-¿Katara?- pregunto Aang - Si te preguntara si me amas, ¿que me dirías?
-¡Ay Aang! - contesto Katara - No tienes porque preguntar o porque dudar, yo te amo sobre todas las cosas, y no hay nada ni nadie que haga que te deje de amar.
- ¿En serio Katara? – Dijo Aang - ¿En serio me amas tanto?
- ¡Aang, te amo tanto, tanto!; gracias a ti, volví a ver a mi padre; gracias a ti, la guerra termino; y gracias a ti, ahora soy muy feliz - termino por decir Katara.
- Katara, también te amo mucho, soy la persona más feliz estando a tu lado, tú me diste el valor para luchar contra el Seño del Fuego Ozai, y terminar esta guerra, y es por eso, que quisiera preguntarte…- dijo Aang, dejando un silencio largo
- ¿Qué Aang?, ¿Qué quieres preguntarme?-
-Katara… ¿Quieres… quieres… quieres casarte conmigo?-
Katara no contesto, pero lo miro con sus ojos iluminados, llenos de un brillo tan intenso y le dio un gran beso, un beso tan grande, que lo dejo sin aliento.
-Entonces… ¿Eso es un sí? –
-Por supuesto – contesto la joven maestra agua con una sonrisa de oreja a oreja –Por supuesto que sí…